ENEMIGO SILENCIADO
Invoco al Señor, que es digno de alabanza, y quedo a salvo de mis enemigos. Salmo 18:3 En medio de las batallas espirituales, Dios nos recuerda que nuestra seguridad no está en nuestras propias fuerzas, sino en Aquel que responde cuando clamamos a Él. El salmista conocía el poder de invocar al Señor porque había experimentado Su protección y Su fidelidad en momentos de peligro. Cada vez que Dios nos sostiene, nos libera y nos permite atravesar una prueba, se levanta un testimonio que declara que el enemigo no tuvo la última palabra. La victoria de Dios en nuestra vida es una evidencia de Su poder. Lo que intentó destruirnos puede convertirse en una historia que glorifique al Señor. En este mes de fe y milagros recordamos que la alabanza no es solamente una expresión de gratitud; también es un arma espiritual. Cuando adoramos a Dios en medio de la lucha, declaramos que nuestra confianza está puesta en Él y no en las circunstancias. Una boca que alaba proclama la derrota de aquello que ...