Hijos, obedezcan a sus padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperen a sus hijos, no sea que se desanimen. Colosenses 3:20-21 El orden familiar no se construye desde extremos, sino desde equilibrio.
La justicia engrandece a la nación, pero el pecado es afrenta de los pueblos. Proverbios 14:34 Cada hijo no solo tiene un destino personal, también tiene un impacto territorial.
Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa. Salmo 127:3 Los hijos no son una carga ni un problema a resolver: son herencia de Dios.
Pues Dios no nos ha dado un espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio. 2 Timoteo 1:7 Muchos hogares permanecen en desorden no por falta de amor, sino por falta de autoridad correctamente ejercida.
Porque yo sé los planes que tengo para ustedes, declara el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza. Jeremías 29:11 Ningún hijo nace sin propósito. Cada vida fue diseñada por Dios con intención, identidad y destino.
Si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los constructores. Salmo 127:1 No todo esfuerzo produce una construcción sólida. Muchas veces se invierte tiempo, energía y dedicación en sostener una familia o un hogar, pero si el fundamento no es correcto, la estructura se vuelve frágil. Se puede trabajar mucho y aun así edificar sobre bases inestables.