Anuló el acta de los cargos que había contra nosotros… la eliminó, clavándola en la cruz. Colosenses 2:14 El Viernes Santo no es solo el recuerdo de una muerte.
Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Romanos 8:1 La culpa puede transformarse en una voz persistente dentro del corazón.
Sanar a los de corazón quebrantado y venda sus heridas. Salmo 147:3 No toda herida se ve. Algunas viven escondidas detrás de sonrisas fuertes, palabras firmes y una vida que parece seguir adelante.
Despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores, hecho para el sufrimiento. Todos evitaban mirarlo; fue despreciado, y no lo estimamos. Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores… Isaías 53:3–4 El Jueves Santo nos lleva a una escena muy profunda: la mesa compartida .
Pero te confesé mi pecado y no te oculté mi maldad. Me dije: «Voy a confesar mis transgresiones al Señor». Y tú perdonaste la culpa de mi pecado. Salmos 32:5 Una de las áreas donde muchas personas necesitan sanidad profunda es en el terreno de la culpa .
Les daré un nuevo corazón y derramaré un espíritu nuevo entre ustedes; quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen y les pondré un corazón de carne. Ezequiel 36:26 Cuando hablamos de sanidad profunda, muchas veces pensamos únicamente en el ámbito personal: nuestras emociones, nuestras experiencias o nuestras propias heridas.
Pero yo te restauraré y sanaré tus heridas —afirma el Señor—. Jeremías 30:17 Abril no será un mes más. Será un mes para detenernos, mirar hacia adentro y permitir que Dios haga lo que solo Él puede hacer: restaurar profundamente.