DIOS PELEÓ POR MÍ
No tengan miedo ni se desanimen ante este gran ejército, porque la batalla no es de ustedes, sino de Dios. 2 Crónicas 20:15 En los procesos de guerra espiritual, especialmente a nivel de nación y territorio, es común atravesar temporadas de confrontación, resistencia y posicionamiento. Son etapas donde la presión parece aumentar y donde el corazón es llamado a mantenerse firme aun sin ver todavía el resultado final. Pero en medio de todo eso, Dios recuerda una verdad esencial: la batalla nunca fue nuestra. No fuimos llamados a cargar con el peso de la victoria, sino a permanecer en obediencia, a resistir en fe y a confiar en la dirección divina. La verdadera victoria no depende del esfuerzo humano, sino de la intervención soberana de Dios en la batalla. Cuando el pueblo de Dios entiende esto, la carga interna cambia. Ya no se lucha desde la ansiedad, sino desde la confianza; ya no desde el agotamiento, sino desde la seguridad de que Dios está peleando a favor de Sus hijos. Este tiem...