TIEMPO DE VOLVER A VIVIR
Restaura nuestro bienestar, Señor, como los arroyos renuevan el desierto.
Salmos 126:4
Hay temporadas en las que sentimos que nuestra vida se convirtió simplemente en una cuestión de sobrevivir. Seguimos adelante, cumplimos con nuestras responsabilidades, resolvemos lo urgente y hacemos lo necesario para sostenernos, pero en algún momento nos damos cuenta de que dejamos de disfrutar, de esperar y hasta de soñar.
Sobrevivir puede convertirse en una forma de vivir que nos mantiene funcionando, pero con el corazón agotado.
El salmista levanta una oración sencilla pero profunda: “Restaura nuestro bienestar, Señor”. Es el clamor de alguien que reconoce que necesita que Dios vuelva a traer vida, renovación y restauración.
Porque hay momentos en los que no necesitamos solamente nuevas fuerzas para continuar haciendo lo mismo. Necesitamos que Dios renueve nuestro desierto.
El desierto representa esos lugares donde durante mucho tiempo no vemos cambios: situaciones que parecen estancadas, promesas que todavía no se cumplen, sueños que quedaron postergados, relaciones que necesitan restauración o áreas de nuestra vida donde la esperanza comenzó a debilitarse.
Pero el versículo nos recuerda que los arroyos pueden renovar el desierto.
Lo que hoy parece seco no tiene que permanecer así para siempre.
Quizás has pasado tanto tiempo luchando que te acostumbraste a vivir a la defensiva. A esperar siempre lo peor. A no ilusionarte demasiado para no volver a decepcionarte. A conformarte con resistir porque parecía más seguro que volver a creer.
Pero Dios quiere llevarte más allá de la supervivencia.
Él quiere restaurar tu bienestar.
Quiere devolverle descanso a tu alma, esperanza a tu corazón y expectativa a tu fe. Quiere recordarte que una temporada difícil no puede cancelar las promesas que Él habló sobre tu vida.
Volver a vivir no significa negar lo que atravesaste. Significa dejar de permitir que lo vivido determine lo que esperas del futuro.
Hay promesas que todavía están en proceso. Hay oraciones cuya respuesta todavía no llegó. Hay semillas que permanecen bajo tierra. Pero que no puedas ver algo no significa que Dios haya dejado de obrar.
La fe vuelve a mirar el desierto y cree que Dios todavía puede hacer correr los arroyos.
Hoy es un buen día para dejar de vivir solamente esperando que pase el próximo problema. Es tiempo de recuperar la capacidad de agradecer, de disfrutar, de soñar y de esperar nuevamente.
Es tiempo de volver a creer por tu familia.
Volver a creer por tu llamado.
Volver a creer por tus sueños.
Volver a creer por aquello que Dios puso en tu corazón.
No porque todo esté resuelto, sino porque Dios sigue siendo fiel a sus promesas aun cuando el escenario todavía parezca un desierto.
Tal vez llevas mucho tiempo sobreviviendo. Pero esta etapa no tiene que definir el resto de tu historia.
El Dios que te sostuvo en el desierto también puede renovarlo.
Deja que Él restaure tu bienestar. Deja que vuelva a correr el agua de la esperanza. Deja que tu fe vuelva a respirar.
Porque todavía hay vida por delante.
Todavía hay propósito.
Todavía hay promesas.
Y todavía hay razones para creer.
Hoy identifica aquello que te ha llevado a vivir en modo supervivencia. Entrégaselo al Señor y pídele que restaure tu bienestar.
No vivas únicamente reaccionando a lo que sucede; vuelve a vivir esperando lo que Dios puede hacer.
Comienza nuevamente a alimentar tu fe con la Palabra, a recordar las promesas que Dios te hizo y a agradecer aun por aquello que todavía está en proceso.
No necesitas ver el arroyo para creer que Dios puede renovar el desierto.
Da hoy un paso de fe: vuelve a esperar, vuelve a soñar y vuelve a creer.
Preguntas para reflexionar
¿En qué área de mi vida siento que estoy sobreviviendo en lugar de vivir?
¿Qué promesa de Dios necesito volver a creer aunque todavía no vea su cumplimiento?
¿Qué necesito entregarle hoy al Señor para permitir que Él restaure mi bienestar?
Oración
Señor, hoy reconozco que muchas veces me acostumbré a sobrevivir y dejé de vivir con esperanza. Restaura mi bienestar y renueva las áreas de mi vida que se han secado. Devuélveme la alegría, la expectativa y la capacidad de creer nuevamente en tus promesas. Ayúdame a confiar aunque todavía no vea el cumplimiento y a recordar que Tú puedes renovar cualquier desierto. Hoy decido dejar de sobrevivir y volver a vivir por fe. En el Nombre de Jesús. Amén.

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