22 octubre 2012

La oración que agrada a Dios

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Dado que la oración es una práctica común de los creyentes, es fácil con el tiempo caer en hábitos que dan como resultado una vida de oración apática y vacía. En vez de tener una conversación dinámica con peticiones bien pensadas, y un oído activo a la respuesta de Dios, nuestras oraciones pueden parecerse más a una lista de compras. La comunicación con el Señor es una parte muy vital de la vida cristiana, y por eso necesitamos examinar lo que estamos haciendo.

Comience por hacerse las siguientes preguntas:

¿Qué tan efectivas son mis oraciones? ¿Está Dios respondiendo mis oraciones, o parece que éstas nunca pasan del techo?

¿Por quiénes estoy orando? ¿Son la mayoría de mis peticiones por mí mismo, o por los demás?

¿Qué le pido al Señor que haga? ¿He mirado su Palabra para ver lo que Él quiere, o estoy tratando de que intervenga de acuerdo con mis planes y mis deseos?

¿Cuándo oro? ¿Solamente en situaciones de emergencia o cuando necesito algo?

Si descubrió algún egoísmo en sus oraciones, no es el único. Muchos tenemos problemas para entrar a la presencia de Dios con nuestros ojos centrados en Él. La única manera para orar con impacto, es llenar nuestra mente con la Palabra, para saber así qué quiere hacer el Señor.

Su vida de oración puede llegar a ser efectiva y dinámica, si se acerca a Dios con un corazón limpio (Sal 66.18), alinea sus peticiones con su voluntad, y cree que Él hará lo que dice (Mr 11.24). Entonces podrá orar con absoluta confianza, sabiendo que Él escuchará y responderá sus peticiones.

Por Charles Stanley








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